La fuerza de la mirada

Cuando era una gata pequeña, mi madre se comunicaba conmigo con la mirada.
No hacia falta hablar telepáticamente ni maullar, solo mirar.
Era una comunicación unidireccional, ella “me hablaba” con la mirada y yo sabía lo que tenía que hacer.
Conforme fui creciendo fui conociendo otros seres animales y humanos. Los humanos producían ruidos para expresarse entre ellos. Ellos lo llaman hablar.
Tanto escucharlos, empecé a agudizar más mi oído y a expresarme menos con la mirada.
Hasta el día que me abandonaron.
Ese día se agudizaron de nuevo mis instintos, pues tenía que cazar y alimentarme.
Me costaba bastante así que en cuanto veía a humanos me acercaba a ellos.
Pase por varias casas, pero mi mirada no les decía nada. Yo les miraba por largo rato y no me hacían caso, y yo tenía mucho que decir.
Hasta que llegaste tu, humana y mirona.
Y atendías mi mirada por largo tiempo. Al principio no sabias que quería expresarte. Después empezaste a comprender. Cuando te miro sabes que hay algo que tengo pendiente que solucionar contigo.
Hablo contigo no solo con la mirada sino con mi expresión corporal. Es la manera mejor de que los humanos nos entiendan. Mis maullidos son ruidos para la mayoría de vosotros como para mi lo son vuestras palabras.
Pero juntos nos ayudamos de infinitas maneras.
No es lo que hacemos por nuestra relación sino cómo lo hacemos, con cariño. Sino me escuchas, soy como un peluche de juguete, si me escuchas y nos comunicamos, podemos evolucionar juntas.
Los gatos poseemos mucha información para ofreceros.
Mírame, tengo taaaanto que contarte!!

Recuerda, la mirada de un animal ofrece información. Descúbrela en los ojos de cada ser que te encuentres y siente qué te quiere expresar.

Erase una vez…la relación animal-humano.